La Asamblea General de Naciones Unidas dejó al descubierto uno de los grandes debates de la nueva era tecnológica: los países reconocen las oportunidades de la inteligencia artificial, pero mantienen diferencias sobre quién debe establecer sus reglas, cuánto control internacional necesita y cómo evitar que sus beneficios y capacidades queden concentrados. La supervisión humana, la transparencia y la rendición de cuentas aparecen en el centro de la discusión.
La discusión internacional sobre inteligencia artificial comienza a desplazarse.
Ya no se debate solamente qué puede hacer la tecnología, sino quién tendrá capacidad para decidir cómo se desarrolla, bajo qué reglas podrá utilizarse y quién podrá beneficiarse de ella.
Ese es uno de los principales interrogantes que surge del análisis publicado el 30 de septiembre por UN News, que revisó las intervenciones sobre inteligencia artificial realizadas por líderes mundiales durante el Debate General de la Asamblea General de Naciones Unidas.
El diagnóstico muestra coincidencias, pero también diferencias importantes.
Los Estados reconocen las posibilidades de la inteligencia artificial en campos como la medicina, la ciencia, los servicios públicos, la economía y el desarrollo. Sin embargo, difieren sobre los riesgos, la intensidad de la regulación y el alcance que debería tener una arquitectura internacional de gobernanza.
Innovar, pero ¿con qué límites?
Uno de los grandes dilemas expuestos ante Naciones Unidas fue cómo permitir que la inteligencia artificial continúe desarrollándose sin que la innovación avance desprovista de controles.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, destacó el enorme potencial de la tecnología para la medicina, el descubrimiento científico, la generación de oportunidades y la mejora de la calidad de vida.
Pero estableció también una distinción que atraviesa buena parte del debate actual.
En traducción al español:
“El peligro no es la tecnología. El peligro es la tecnología sin rendición de cuentas”.
Guterres vinculó esa advertencia con capacidades sin supervisión y decisiones carentes de transparencia.
La cuestión adquiere particular relevancia en momentos en que los sistemas de inteligencia artificial incorporan mayores niveles de autonomía y capacidad para ejecutar acciones.
El ser humano debe permanecer en el centro
Otro de los puntos recurrentes durante las intervenciones fue la necesidad de preservar el control humano.
El Reino Unido sostuvo que las decisiones fundamentales sobre estas tecnologías no deberían quedar libradas al azar y defendió que sean adoptadas por gobiernos democráticamente elegidos.
Singapur, por su parte, advirtió sobre los sistemas cada vez más autónomos y los riesgos relacionados con la pérdida de control humano.
Japón puso el foco en la seguridad de los modelos de frontera y en la integridad de la información; Francia mencionó los riesgos vinculados con defensa, ciberseguridad y espacio; y Türkiye reclamó avanzar hacia un marco jurídico internacional.
Las posiciones no son idénticas, pero dejan planteada una cuestión transversal:
cuanto mayor es la capacidad de decisión y actuación de los sistemas de IA, más importante resulta determinar dónde debe permanecer la intervención humana.
¿Quién escribe las reglas?
Aquí aparece probablemente el aspecto más trascendente de la publicación de Naciones Unidas.
El debate sobre inteligencia artificial es también un debate sobre poder.
Sudáfrica sostuvo que África debe participar en la elaboración de las reglas y vinculó esa participación con investigación, juventud y transformación económica.
India defendió el derecho de cada país a configurar su propio ecosistema tecnológico, desarrollar modelos propios y adoptar estrategias compatibles con sus objetivos nacionales.
China reclamó que los avances tecnológicos produzcan beneficios ampliamente compartidos y contribuyan a reducir la brecha digital.
Suiza sostuvo que participar verdaderamente implica intervenir en la construcción de la gobernanza, no limitarse a acceder posteriormente a la tecnología.
El interrogante es significativo:
¿los países serán únicamente usuarios de sistemas creados en otros lugares o también participarán en la definición de sus reglas?
Datos, capacidad informática y concentración de poder
La discusión tampoco se limita a normas jurídicas.
UN News identifica la concentración de datos, capacidad de cómputo e influencia como otra preocupación expresada durante la Asamblea General.
Brasil llamó la atención sobre el peso adquirido por las grandes compañías tecnológicas, mientras Francia planteó el riesgo de dependencia respecto de Estados dominantes o de un reducido número de empresas privadas.
Los países en desarrollo reclamaron mayor acceso a infraestructura, capacidad informática, conocimientos técnicos y participación efectiva en la definición de estándares.
Esto introduce una dimensión frecuentemente relegada del debate.
No basta con discutir quién puede utilizar inteligencia artificial.
También importa quién dispone de los recursos para crearla, entrenarla, controlarla y establecer sus estándares.
¿Una arquitectura mundial para gobernar la IA?
Las Naciones Unidas ya comenzaron a construir mecanismos destinados a facilitar esa cooperación.
La Asamblea General estableció el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial, concebido para aportar evidencia científica a las deliberaciones internacionales.
También funciona el Diálogo Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial, una plataforma destinada a gobiernos y otros actores para discutir cooperación internacional, intercambiar experiencias y abordar de manera abierta cuestiones relacionadas con la gobernanza de estos sistemas.
Sin embargo, la discusión acerca de hasta dónde debe llegar esa coordinación permanece abierta.
Türkiye planteó avanzar sobre una convención internacional de Naciones Unidas sobre inteligencia artificial.
Singapur mencionó tanto una futura convención marco como la posibilidad de una institución internacional especializada.
El Reino Unido defendió principios y estándares globales.
Estados Unidos expresó una posición diferente, poniendo mayor énfasis en evitar que una regulación excesiva limite el crecimiento tecnológico.
Por lo tanto, no existe actualmente una posición internacional uniforme sobre cómo debe regularse la inteligencia artificial.
Del poder tecnológico a la responsabilidad
Para el derecho, el debate presenta una dimensión particularmente relevante.
Si los sistemas de inteligencia artificial adquieren mayores capacidades para recomendar, decidir y actuar, conceptos tradicionales como responsabilidad, autorización, transparencia, supervisión, trazabilidad y prueba adquieren una nueva importancia.
La propia formulación utilizada por Guterres vincula capacidad con supervisión y decisión con transparencia.
No establece por sí misma una solución jurídica.
Pero señala un principio que atraviesa buena parte del debate internacional: el aumento de las capacidades tecnológicas no debería producir una disminución equivalente de la responsabilidad humana e institucional.
Para abogados, notarios, jueces, legisladores, empresas y administraciones públicas, la discusión probablemente dejará de ser únicamente cómo incorporar inteligencia artificial.
Será necesario determinar también qué decisiones pueden delegarse, cuáles deben permanecer bajo control humano y cómo puede reconstruirse y acreditarse posteriormente el proceso de decisión.
Una disputa que recién comienza
La publicación de Naciones Unidas permite advertir que el futuro de la inteligencia artificial no se definirá exclusivamente en laboratorios y empresas tecnológicas.
También se está discutiendo en gobiernos, organismos internacionales y espacios multilaterales.
Y las diferencias son sustanciales.
Algunos países reclaman mayor regulación internacional. Otros priorizan innovación y competitividad. Las economías en desarrollo exigen participar en la elaboración de las reglas y acceder a infraestructura y capacidad tecnológica. Y diversos Estados advierten sobre los riesgos derivados de sistemas cada vez más autónomos.
Detrás de todas esas posiciones existe una pregunta común:
¿quién tendrá poder para decidir cómo se desarrolla y utiliza la inteligencia artificial?
La respuesta todavía está en construcción.
Pero el debate internacional muestra que gobernar la IA ya no significa únicamente regular una tecnología.
Significa discutir poder, responsabilidad, acceso y control humano.
Fuente primaria
UN News – Naciones Unidas. Who gets to shape AI? UN debate centres on power, trust and inclusion. Publicado el 30 de septiembre de 2026.
La publicación analiza las intervenciones realizadas por distintos Estados durante el Debate General de la Asamblea General y no representa una posición uniforme de todos los Estados miembros sobre regulación de inteligencia artificial.
Fuente oficial: Naciones Unidas — UN News.
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