DONDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CONECTA DISCIPLINAS

La UNESCO plantea un cambio en la formación docente: enseñar a pensar con inteligencia artificial, no solo a utilizarla

Facultades de Educación de América Latina comenzaron a debatir cómo adaptar la formación de los futuros docentes a una realidad en la que la inteligencia artificial ya forma parte del aprendizaje. En un encuentro regional organizado por la UNESCO, representantes universitarios analizaron la necesidad de revisar los planes de estudio, los sistemas de evaluación y los criterios de integridad académica. El desafío va más allá del dominio tecnológico: preservar el pensamiento crítico y la autonomía profesional.

22 de octubre de 2026 | Educación, inteligencia artificial y formación profesional

La incorporación de inteligencia artificial en las aulas plantea una pregunta que las universidades ya no pueden postergar: ¿están formando profesionales capaces de utilizar estas tecnologías con criterio propio o simplemente usuarios que aprenden a obtener respuestas?

El interrogante fue uno de los ejes de un encuentro regional realizado el 14 de octubre de 2026, cuyos resultados fueron difundidos por la UNESCO el día 20.

La actividad reunió a 50 representantes de facultades de Educación de América Latina, entre autoridades universitarias, equipos directivos y responsables de formación docente.

El conversatorio, denominado Docencia e inteligencia artificial: desafíos institucionales para la formación inicial docente, fue organizado por la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago, junto con la Red de Decanas y Decanos de Educación de Universidades Latinoamericanas (REDECANEDU) y el Consejo Nacional de Decanas y Decanos de Facultades de Educación de las Universidades del CRUCH (CONFAUCE), en colaboración con CodeAI.

El propósito fue analizar qué transformaciones necesitan las instituciones que preparan a los futuros docentes para enseñar en entornos donde la inteligencia artificial adquiere una presencia creciente.

La discusión dejó planteada una cuestión fundamental: incorporar herramientas tecnológicas no garantiza, por sí mismo, una mejora en la calidad de la enseñanza.

De aprender a utilizar herramientas a comprender sus consecuencias

Uno de los principales planteamientos del encuentro fue la necesidad de superar una formación limitada al uso instrumental de la inteligencia artificial.

Francisca Díaz, coordinadora de la Estrategia Regional Docente de la UNESCO, destacó la importancia de preparar educadores capaces de comprender críticamente estas tecnologías, reconocer sus riesgos y decidir con autonomía profesional cuándo y cómo utilizarlas.

La diferencia es sustancial.

Un docente puede conocer el funcionamiento de una plataforma de inteligencia artificial y, sin embargo, carecer de criterios suficientes para determinar si su utilización favorece realmente el aprendizaje.

La cuestión no consiste únicamente en saber formular instrucciones o generar materiales educativos.

También requiere comprender las limitaciones de los sistemas, evaluar la calidad de sus respuestas y reconocer cuándo su intervención puede resultar inadecuada.

Desde esta perspectiva, la alfabetización en inteligencia artificial comprende competencias tecnológicas, pedagógicas y éticas.

El encuentro regional puso de manifiesto la necesidad de que estas capacidades formen parte de decisiones institucionales y no dependan exclusivamente de la iniciativa individual de cada profesor.

Tres decisiones que las universidades deben comenzar a discutir

Durante la presentación central, Felipe Fontecilla, de CodeAI, identificó tres ámbitos de decisión para las facultades de Educación.

El primero se relaciona con la incorporación de la inteligencia artificial en los planes de estudio.

No se trata solamente de agregar contenidos sobre nuevas herramientas, sino de examinar cómo estas tecnologías modifican las competencias que deberán desarrollar los futuros docentes.

El segundo corresponde a la integridad académica y la evaluación del aprendizaje.

En este punto, se planteó la importancia de establecer criterios para declarar y justificar la utilización de inteligencia artificial en las actividades académicas.

También se destacó la necesidad de evaluar los procesos mediante los cuales los estudiantes construyen conocimiento, y no únicamente los resultados que presentan.

El tercer ámbito se vincula con la preparación de los propios formadores.

Las instituciones necesitan disponer de tiempo, recursos y condiciones adecuadas para que sus equipos docentes desarrollen las competencias necesarias.

Estas tres cuestiones reflejan una transformación más profunda.

La inteligencia artificial no modifica solamente las herramientas disponibles para enseñar. También obliga a revisar qué significa aprender, cómo se comprueba ese aprendizaje y cuáles son las responsabilidades de quienes intervienen en el proceso educativo.

México, Colombia y Chile: distintas experiencias frente al mismo desafío

El encuentro permitió conocer iniciativas desarrolladas en tres países latinoamericanos.

Desde México, Francisco Díaz Estrada, del Tecnológico de Monterrey, presentó experiencias vinculadas con el aprendizaje personalizado, la creación de entornos institucionales seguros para utilizar inteligencia artificial y la formación continua del profesorado.

Entre los aspectos destacados estuvieron la evaluación de los procesos de aprendizaje, el fortalecimiento del pensamiento crítico y la protección de la privacidad de los datos.

La experiencia colombiana fue presentada por María Isabel Afanador Rodríguez, decana de la Facultad de Educación a Distancia y Virtual de la Institución Universitaria Antonio José Camacho.

Su intervención abordó la incorporación de inteligencia artificial desde una perspectiva centrada en la formación integral, la equidad y la dimensión humana de la enseñanza.

El planteamiento destacó la importancia de mantener las interacciones humanas esenciales para la educación y considerar las desigualdades que pueden afectar a los estudiantes.

Por Chile participó Luis Alejandro Nitrihual Valdebenito, decano de la Facultad de Educación,

Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Frontera.

Expuso los avances de su facultad en el rediseño de las carreras de pedagogía, con una propuesta que busca integrar transversalmente las tecnologías, el juicio pedagógico y ético, la inclusión y la interculturalidad.

Las experiencias reflejan distintas estrategias institucionales, pero también preocupaciones compartidas.

La formación de los futuros docentes debe contemplar las posibilidades de la inteligencia artificial sin desplazar el criterio profesional ni profundizar las desigualdades educativas.

Una advertencia para la educación superior: utilizar inteligencia artificial no significa tener una estrategia

La discusión regional adquiere mayor relevancia al considerar otro informe reciente del Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe (IESALC).

La publicación, presentada durante la Semana del Aprendizaje Digital de 2026, reunió información de 200 instituciones de educación superior de 19 países.

Según los resultados difundidos por el organismo, el 87 % de las instituciones consultadas declaró utilizar inteligencia artificial en al menos una de sus áreas de actividad.

Sin embargo, solamente el 26 % informó contar con una estrategia formal de inteligencia artificial.

La diferencia entre ambos porcentajes resulta significativa.

El uso de estas tecnologías se encuentra ampliamente extendido entre las instituciones participantes, pero su incorporación no siempre está acompañada por políticas institucionales definidas.

El informe identifica la necesidad de fortalecer la gobernanza, la alfabetización digital y las capacidades de las universidades.

Estos datos corresponden al conjunto de instituciones estudiadas por UNESCO IESALC. No deben interpretarse como porcentajes representativos de todas las universidades latinoamericanas sin considerar el alcance y la metodología de la investigación.

Aun con esa precisión, el contraste permite comprender por qué el debate sobre inteligencia artificial está desplazándose desde la adopción de herramientas hacia la definición de criterios para utilizarlas.

La integridad académica frente a una nueva forma de producir conocimiento

Uno de los problemas que enfrentan las instituciones educativas es determinar cómo evaluar el aprendizaje cuando los estudiantes disponen de sistemas capaces de producir textos, resolver ejercicios y elaborar explicaciones.

La UNESCO plantea la necesidad de revisar los criterios de integridad académica y prestar mayor atención a los procesos de aprendizaje.

El problema no puede reducirse a distinguir entre trabajos realizados con inteligencia artificial y trabajos realizados sin ella.

La utilización de estas herramientas puede formar parte de una actividad educativa legítima, siempre que responda a objetivos pedagógicos y a las condiciones establecidas por la institución.

La cuestión es determinar qué capacidades debe demostrar el estudiante.

Un trabajo correctamente redactado no permite establecer, por sí solo, cuánto comprendió quien lo presenta.

Del mismo modo, prohibir indiscriminadamente una tecnología no necesariamente contribuye a desarrollar las competencias necesarias para utilizarla responsablemente.

La discusión exige establecer criterios claros sobre transparencia, autoría, evaluación y participación de los estudiantes en la elaboración de sus producciones académicas.

En este contexto, la declaración del uso de inteligencia artificial adquiere importancia como práctica de integridad académica.

Se trató de una discusión sobre criterios y decisiones institucionales que cada organización deberá evaluar dentro de su propio marco normativo.

¿Qué significa enseñar a pensar en la era de la inteligencia artificial?

La UNESCO ya había abordado esta cuestión en su Marco de competencias para docentes en materia de inteligencia artificial.

El documento identifica 15 competencias distribuidas en cinco dimensiones: una perspectiva centrada en el ser humano, la ética de la inteligencia artificial, sus fundamentos y aplicaciones, la pedagogía de la IA y su utilización para el aprendizaje profesional.

El marco contempla tres niveles progresivos de desarrollo: adquirir, profundizar y crear.

La propuesta reconoce que el conocimiento técnico es importante, pero insuficiente.

Un profesional de la educación necesita comprender cómo funcionan estas tecnologías, cuáles son sus limitaciones y qué consecuencias puede producir su incorporación en determinados contextos.

También debe conservar la capacidad de decidir cuándo resulta conveniente utilizarlas y cuándo corresponde prescindir de ellas.

Este último aspecto es especialmente relevante.

La autonomía profesional no consiste en rechazar la tecnología, sino en disponer de conocimientos suficientes para utilizarla sin depender acríticamente de sus resultados.

Un debate que también alcanza a la formación de abogados, médicos y otros profesionales

Aunque el encuentro de la UNESCO estuvo dedicado específicamente a la formación inicial docente, sus planteamientos permiten abrir una reflexión sobre otras carreras universitarias.

En derecho, medicina, ingeniería y numerosas disciplinas, la inteligencia artificial comienza a utilizarse como herramienta de consulta, análisis documental y apoyo a determinadas tareas profesionales.

Sin embargo, conocer el funcionamiento de un sistema no equivale a dominar los fundamentos científicos o jurídicos de la disciplina en la que se lo aplica.

En la formación jurídica, por ejemplo, un estudiante puede utilizar inteligencia artificial para localizar información normativa, organizar antecedentes o explorar posibles argumentos.

Pero la evaluación de la vigencia de una disposición, la interpretación de una sentencia y la construcción de un razonamiento jurídico requieren conocimientos que no pueden sustituirse por la simple reproducción de una respuesta automatizada.

Algo semejante ocurre en medicina.

La utilización de herramientas de apoyo diagnóstico exige comprender los fundamentos clínicos, interpretar los resultados y reconocer las limitaciones de los modelos utilizados.

Esta reflexión constituye una proyección del debate educativo hacia otras profesiones. No corresponde atribuirla como una conclusión específica del encuentro regional de facultades de Educación.

Su importancia reside en que plantea una pregunta común a la formación universitaria: cómo aprovechar las capacidades de la inteligencia artificial sin debilitar aquellas competencias que justifican la intervención de un profesional.

La UNESCO propone continuar el intercambio regional

El encuentro concluyó con la identificación de desafíos compartidos por las instituciones participantes.

Entre ellos se encuentran el fortalecimiento del liderazgo institucional, la preparación de los equipos académicos y la preservación del criterio profesional docente.

Como siguiente paso, la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago propuso organizar un segundo encuentro destinado a compartir experiencias concretas de implementación.

La iniciativa busca facilitar el intercambio de avances, dificultades y aprendizajes entre las facultades de Educación latinoamericanas.

La propuesta se vincula con el trabajo del Observatorio de Inteligencia Artificial en la Educación para América Latina y el Caribe, orientado a promover evidencia, cooperación y conocimiento sobre la incorporación de estas tecnologías en los sistemas educativos.

El desafío de las universidades: formar criterio, no solamente usuarios

La inteligencia artificial ofrece nuevas posibilidades para personalizar experiencias educativas, facilitar el acceso a información y apoyar el trabajo docente.

Pero su incorporación también obliga a revisar las condiciones en que se desarrolla el aprendizaje.

La cuestión central no es cuántas herramientas tecnológicas utiliza una universidad, sino qué capacidades adquieren sus estudiantes y cómo se comprueba que pueden ejercerlas de manera autónoma.

Los planteamientos surgidos del encuentro regional de la UNESCO muestran que la formación docente atraviesa una etapa de revisión.

Las instituciones deben preparar educadores capaces de enseñar en entornos tecnológicos cambiantes, sin renunciar a los fundamentos pedagógicos ni a la dimensión humana de la educación.

El mismo interrogante se proyecta sobre la formación de las futuras generaciones de profesionales.

En una época en la que obtener respuestas resulta cada vez más sencillo, la verdadera formación universitaria deberá seguir demostrando su capacidad para enseñar a comprenderlas, cuestionarlas y asumir la responsabilidad de utilizarlas.

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