DONDE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL CONECTA DISCIPLINAS

La carrera por la IA entre Estados Unidos y China abre una batalla por quién fija sus reglas.

A días de un encuentro previsto entre Donald Trump y Xi Jinping, el avance acelerado de la inteligencia artificial vuelve a colocar en primer plano una cuestión que trasciende la competencia tecnológica: quién debe establecer las reglas, controlar los riesgos y responder por los daños. Investigadores reunidos en Washington cuestionaron que la regulación quede en manos de las propias compañías, mientras China rechazó la lógica de confrontación y reclamó una gobernanza multilateral. El debate enfrenta seguridad, innovación, intereses económicos y poder geopolítico.

La gobernanza de la inteligencia artificial entra en una zona crítica

La competencia tecnológica entre Estados Unidos y China está transformando el debate internacional sobre inteligencia artificial. Ya no se discute solamente quién desarrollará los modelos más avanzados, sino bajo qué reglas funcionarán, quién controlará a las empresas que los producen y qué papel tendrán los Estados.

El 11 de septiembre de 2026, especialistas en tecnología, seguridad nacional y política pública participaron en Washington de un encuentro organizado en el ámbito de la Johns Hopkins School of Advanced International Studies bajo el título “Getting Tech Right: US China Policy for a New Era”.

El panel reunió, entre otros, a Amba Kak, codirectora ejecutiva del AI Now Institute; Kat Duffy, del Council on Foreign Relations; Miro Plueckebaum, de Oxford Martin AI Governance Initiative; y Jack Shanahan, militar retirado de la Fuerza Aérea estadounidense y exdirector del Joint Artificial Intelligence Center del Departamento de Defensa.

La discusión se produjo en vísperas de una reunión prevista entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

“Estamos ahí”: la advertencia de AI Now

Una de las intervenciones más contundentes correspondió a Amba Kak.

Consultada acerca de si la evolución de la IA había alcanzado ya un punto capaz de abrir una ventana política para nuevas medidas regulatorias, respondió:

“Creo que estamos ahí. La pregunta ya no es si hemos llegado a la crisis que abre la ventana política. La ventana para las políticas públicas está frente a nosotros”.

La traducción corresponde a su declaración original en inglés.

Kak planteó además una cuestión central: quién establecerá los términos de la regulación.

Según su posición, la respuesta no debería limitarse a mecanismos de autorregulación de las propias empresas. Propuso avanzar hacia reglas concretas, responsabilidad jurídica y mecanismos efectivos de supervisión.

En otra frase especialmente relevante sostuvo:

“Se parece a reglas. Se parece a responsabilidad. Se parece a reglas duras, concretas y exigibles”.

Se trata de la posición de Kak y AI Now, no de una conclusión consensuada entre gobiernos o especialistas.

¿Puede la industria regular los riesgos que ella misma genera?

Kak formuló otra crítica: parte de las respuestas actualmente propuestas frente a los riesgos de la IA vuelven a colocar a las propias compañías tecnológicas en el centro de la solución.

La investigadora advirtió sobre la posibilidad de terminar con un régimen que funcione fundamentalmente como una certificación formal que legitime la continuidad de las prácticas existentes, en lugar de crear mecanismos efectivos de rendición de cuentas y supervisión.

Su planteo introduce una pregunta jurídica de fondo: ¿es suficiente la autorregulación empresarial cuando los riesgos pueden afectar intereses colectivos, infraestructura crítica, seguridad nacional o derechos fundamentales?

El debate no tiene una respuesta única. Las compañías tecnológicas han impulsado, con diferentes alcances, sistemas de evaluación, pruebas de seguridad y políticas internas, mientras distintos especialistas y organizaciones reclaman controles públicos jurídicamente exigibles.

“Reglas del camino”

Jack Shanahan llevó la discusión al terreno de la responsabilidad institucional.

Después de 36 años de trayectoria militar, explicó que para él la gobernanza puede resumirse en una expresión sencilla: “rules of the road”, es decir, “reglas del camino” o reglas claras de actuación.

Su definición fue particularmente concreta:

“Qué está permitido hacer, qué no está permitido hacer, qué puede hacerse bajo determinadas circunstancias y quién es responsable cuando algo sucede”.

Shanahan sostuvo que la inteligencia artificial necesita ese tipo de estructura regulatoria y consideró que el momento para definirla ha llegado.

“Si no actuamos ahora, algo serio va a ocurrir y todos vamos a lamentarlo”.

Esta última frase constituye una advertencia y opinión prospectiva del especialista, no la constatación de que un determinado daño futuro vaya necesariamente a producirse.

El problema de competir sin frenos

Miro Plueckebaum introdujo otra dificultad: incluso una compañía que quiera actuar prudentemente puede sufrir consecuencias comerciales si sus competidores continúan avanzando.

Su planteo fue que un sistema basado únicamente en decisiones voluntarias puede generar incentivos para que las empresas no reduzcan el ritmo ante señales de riesgo.

“No podemos vivir en un sistema donde el actor responsable no pueda comportarse responsablemente porque tenga que preocuparse de que sus competidores lo superen”.

La cuestión regulatoria pasa entonces de la conducta individual de una empresa a la necesidad de establecer condiciones comunes que eviten que actuar con mayor cautela represente una desventaja competitiva.

AI Now cuestiona la narrativa de una “carrera”

La discusión adquiere otra dimensión cuando Estados Unidos y China aparecen presentados como participantes de una carrera por el liderazgo mundial en inteligencia artificial.

AI Now lleva años cuestionando esta narrativa. El instituto sostiene que el argumento de una “carrera de IA” entre ambos países ha sido utilizado en debates estadounidenses para resistir determinadas intervenciones regulatorias y justificar un mayor apoyo estatal al desarrollo tecnológico.

Esta es la tesis institucional de AI Now y debe diferenciarse de un hecho objetivo sobre las motivaciones de todos los actores involucrados.

Según el instituto, presentar la inteligencia artificial fundamentalmente como una competencia geopolítica puede terminar reduciendo el espacio disponible para imponer controles a la industria.

“Una carrera hacia el fondo”

El 14 de septiembre, Aya Ibrahim, investigadora visitante sénior del AI Now Institute, profundizó ese cuestionamiento en declaraciones recogidas por Al Jazeera.

Ibrahim señaló que las compañías se encuentran sometidas a enormes presiones económicas para desarrollar sistemas cada vez más potentes.

“Hay mucho dinero que depende de que logren sacar esto y, francamente, de que lo hagan bien”.

Y agregó que existen:

“crecientes dudas sobre su capacidad para hacer cualquiera de las dos cosas”.

Su crítica más contundente estuvo dirigida a la idea misma de una carrera tecnológica:

“La narrativa de la carrera es inherentemente problemática porque, de muchas maneras, nos está preparando para una carrera hacia el fondo”.

Las declaraciones fueron reproducidas oficialmente por AI Now el 14 de septiembre.

China responde: “La confrontación y la competencia feroz” perjudican la gobernanza

El gobierno chino fijó públicamente su posición.

El 14 de septiembre, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guo Jiakun, fue consultado específicamente por las declaraciones realizadas en Estados Unidos sobre desacelerar el desarrollo de la IA y sobre los riesgos que representaría para ese país un eventual liderazgo chino.

Guo respondió:

“La IA es una tecnología trascendental para el bienestar de toda la humanidad”.

Y sostuvo:

“Generar miedo, la confrontación y la competencia feroz sólo obstaculizarán los esfuerzos hacia una gobernanza global sólida de la IA, lo que no beneficia a ninguna de las partes”.

Las expresiones corresponden a la transcripción oficial publicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China.

China reconoce también los riesgos de una IA fuera de control

Un día después, el 15 de septiembre, el Ministerio chino amplió su posición.

Ante una consulta sobre los riesgos de la inteligencia artificial —incluida su eventual utilización para producir armas biológicas— Guo afirmó que, cuanto más rápidamente avanza la tecnología, mayor es la necesidad de fortalecer las salvaguardas.

El portavoz sostuvo que es necesario:

“fortalecer rápidamente las salvaguardas para evitar que quede fuera de control”.

China afirmó oficialmente que concede igual importancia al desarrollo y a la seguridad de la IA y que busca prevenir su abuso mediante leyes, regulaciones, políticas, normas de aplicación y reglas éticas.

También defendió una estructura multilateral:

“Ningún país ni empresa puede desarrollar soluciones efectivas por sí solo”.

Pekín sostiene que Naciones Unidas debería conservar un papel central en la gobernanza internacional de la inteligencia artificial.

Estados Unidos acelera la incorporación de IA a la seguridad nacional

La política estadounidense presenta otro componente relevante.

En junio de 2026, Donald Trump firmó un memorando presidencial de seguridad nacional destinado a acelerar la incorporación de sistemas avanzados de inteligencia artificial a las Fuerzas Armadas y a los organismos de inteligencia estadounidenses.

Según la Casa Blanca, la directiva ordena acelerar la adopción de IA, incorporar modelos comerciales y de código abierto y desarrollar infraestructura informática de alta seguridad.

Al mismo tiempo, exige que los sistemas utilizados sean robustos, controlables y mantengan líneas claras de responsabilidad dentro de la cadena constitucional de mando.

El memorando también ordenó actualizar las directivas relacionadas con autonomía en sistemas de armas.

Por lo tanto, la posición estadounidense no puede describirse simplemente como favorable o contraria a la regulación: combina políticas de aceleración tecnológica y seguridad nacional con determinados requisitos de control y responsabilidad.

Dos potencias, una discusión que excede sus fronteras

Estados Unidos y China coinciden, al menos en sus declaraciones oficiales, en que los sistemas de inteligencia artificial requieren mecanismos de seguridad y control. Divergen en aspectos centrales sobre cómo estructurar la competencia tecnológica, qué restricciones internacionales resultan legítimas y qué instituciones deben conducir la gobernanza.

Washington ha vinculado explícitamente el liderazgo en IA con su estrategia de seguridad nacional. Pekín, por su parte, reivindica un modelo multilateral y rechaza que la gobernanza internacional quede subordinada a una lógica de confrontación tecnológica.

En ese escenario aparece una cuestión adicional planteada por los especialistas reunidos en Washington: qué poder deben conservar las propias empresas que desarrollan los modelos para definir los límites de una tecnología de impacto colectivo.

La discusión ya no se circunscribe a cuál país dispone del modelo más avanzado.

También alcanza preguntas jurídicas e institucionales mucho más profundas: quién establece las obligaciones, quién fiscaliza su cumplimiento, qué responsabilidad corresponde ante los daños, qué decisiones pueden delegarse a sistemas automatizados y cuáles deben permanecer necesariamente bajo control humano.

Esas preguntas configuran uno de los debates regulatorios centrales de la inteligencia artificial contemporánea.

Transparencia sobre el uso de IA: Este informe fue elaborado con asistencia de inteligencia artificial para tareas de búsqueda, contraste, traducción, organización y edición. Las afirmaciones relevantes fueron verificadas mediante fuentes primarias, documentos oficiales y transcripciones de las intervenciones citadas. Las citas originalmente formuladas en inglés fueron traducidas al español procurando preservar fielmente su sentido y contexto. Las posiciones y opiniones atribuidas a especialistas, instituciones y gobiernos se presentan como tales y no como conclusiones propias del medio. Radio Nodo IA: La producción y difusión de este contenido puede incorporar herramientas de inteligencia artificial, incluidas voces sintéticas generadas mediante IA para la locución, narración o adaptación sonora de contenidos.

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